La mayoría de las personas viven en el entresuelo de la casa de su vida, donde se han instalado holgadamente, con buenas estufas y todas las demás comodidades. Raramente bajan al sótano, donde intuyen la presencia de fantasmas que podrían helarles la sangre; tampoco suelen subir a la torre, pues sienten vértigo al mirar hacia abajo y a lo lejos. Pero también hay algunos que prefieren vivir precisamente en el sótano, porque se sienten más a gusto en la penumbra y el estremecimiento que bajo la luz y la responsabilidad, y otros disfrutan subiendo a la torre, para dejar perderse la vista en lejanías insondables que jamás alcanzarán. Pero los más desgraciados son aquellos que se pasan la vida corriendo del sótano a la torre sin parar, mientras las estancias habitables de la casa se llenan de polvo y de abandono.

 

Arthur Schnitzler (Viena, 1862-1931)

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