Perfora sus soldados con alfileres. Se los hunde en el vientre hasta que la punta les sale por la espalda. Se los hunde en la espalda, hasta que la punta les sale por el pecho

Los soldados se desploman.

— ¿Y por qué precisamente éstos?

— Porque éstos son los otros.

 

Reiner Kunze, Los años maravillosos

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